Crítica

Alberto Corazón. La tradición revolucionaria

Alberto Corazón
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“La cocina, en el Mas Roig, la Casa Roja, en la huerta valenciana de mis abuelos, era el centro luminoso de todo lo que me rodeaba”. Con estas palabras comienza un texto de Alberto Corazón (Madrid, 1942) dedicado al bodegón, un género que él mismo reinterpreta en la parte final de la exposición retrospectiva que actualmente le dedica el IVAM, un museo situado muy cerca de esa huerta donde el artista se enfrentó por primera vez a esas mesas repletas de alimentos que, al ser plasmados por la pintores holandeses del siglo XVII, recibían el nombre de stilleven (“naturaleza inmóvil”) frente al término vrouwenleven, que hacía referencia al modelo humano, que requería moverse de vez en cuando.
La exposición comienza con las obras pertenecientes a su etapa conceptual en las que podemos observar cómo se aproxima, en un primer momento, a unos planteamientos cercanos al arte pop, con imágenes extraídas de los emergentes medios de comunicación y apoyadas en las nuevas oportunidades de reproducción masiva. Un trabajo muy cercano al realizado por aquel entonces por Equipo Crónica, con quien Alberto Corazón mantuvo una estrecha relación. Sin embargo, Corazón incorpora a su obra una carga teórica, proporcionada por los estudios semiológicos y las teorías de la comunicación y la información, que la diferencia del pop.
Este recorrido se inicia en el IVAM con una obra compuesta por cortinas de vinilo en la que el visitante entra en contacto físico con la obra. Esta pieza, perteneciente al proyecto de investigación denominado “Leer la imagen”, que se desarrolló a largo de tres exposiciones, constituye toda una novedad en el ámbito artístico español de principios de los setenta, tanto por su interactividad como por el uso de materiales novedosos. Algo que también puede apreciarse en las ocho heliografías coloreadas a mano que componen la serie “Goya: una conversación” (1978) o en las fotografías sobre madera de la obra “Arte” (1973).
Precisamente con “Leer la imagen”, Alberto Corazón pone punto final a su vinculación con el arte conceptual para abandonar temporalmente la actividad plástica y abrir un período de reflexión mientras se vuelca en su trabajo de diseñador. Su retorno se produce en 1992 para mostrar en una nave industrial una serie de 50 esculturas y 39 pinturas reunidas bajo el título de “Estrategias del agrimensor” y realizadas durante los últimos cuatro años. Ese mundo rural de la huerta valenciana vuelve a estar presente en su obra. No en vano la agrimensura es el arte de medir las tierras. La escultura irrumpe con fuerza en esta nueva etapa en una serie de obras que, tal y como señala Calvo Serraller, recuerdan vagamente al “posminimalismo” para acabar convirtiéndose en paisajes. Se inicia así una etapa plagada de objetos misteriosos que nos devuelven constantemente a esa masía de sus abuelos en la huerta valenciana, una referencia más que evidente en obras como “Mas Roig. Nocturno” (1995) o “Acequia” (1997), presentes en el IVAM.
Toda esta evolución desemboca finalmente en el bodegón de la felicidad y la inocencia que inunda la última sala de esta exposición. No deja de ser paradójico que la obra de uno de los pioneros del arte conceptual en España haya derivado hacia la pintura-pintura y la reinterpretación de sus géneros más tradicionales. Al fin y al cabo, como dijo Balthus, sólo la tradición es revolucionaria.

ALBERTO CORAZÓN. OBRA CONCEPTUAL, PINTURA Y ESCULTURA 1968 - 2008
IVAM. VALENCIA
C / GUILLEM DE CASTRO, 118
COMISARIO: FERNANDO GÓMEZ AGUILERA
HASTA EL 18 DE SEPTIEMBRE




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"Valdés como pretexto"

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