Crítica

Andreas Feininger. La búsqueda de la abstracción

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A primera vista se podría afirmar de forma simplista que Andreas Feininger (París, 1906 – Nueva York, 1999) - hijo del conocido artista norteamericano de origen alemán Lyonel Feininger – fue el fotógrafo de Nueva York, como ponen de relieve numerosas instantáneas presentes en esta cuidada exposición organizada por la Fundación March. Un título que, de todos modos, tendría que compartir con otros fotógrafos como Alfred Stieglitz, Edward Steichen, Paul Strand, William Klein, Elliott Erwitt, Rudy Burckhardt o Robert Frank.
 
Sin embargo, si miramos más allá de estas bellas postales neoyorkinas – en las que confluyen su formación como arquitecto con su pasión por la fotografía - podemos encontrar una obra heredera de las vanguardias que proliferaron en la Europa de principios de siglo, y especialmente en la Alemania de la Bauhaus, donde Andreas vivió su etapa de formación. Para empezar tenemos que, según el comisario de la muestra, la paternidad de la “solarización” (efecto fotográfico que se consigue con la sobreexposición a la luz blanca) sería de Feininger, quien en 1929, al intentar revelar unas fotografías en su cuarto oscuro, presionó de forma accidental el interruptor de luz con lo que obtuvo así lo que más tarde se denominaría “solarización” y cuya autoría siempre se había atribuido a Man Ray.
 
Polémicas aparte, un desnudo realizado mediante esta técnica presente en esta muestra pone de relieve la búsqueda de nuevas formas de expresión artística que no se quedaran en la simple reproducción de la realidad. En esa línea, la diferencia establecida por algunos historiadores del arte entre la abstracción lírica y la abstracción geométrica puede encontrarse en la obra de este fotógrafo según su cámara se aproxime a temas urbanos o a otros más centrados en la Naturaleza.
 

 
Así, el tratamiento que recibe la ciudad recordaría a la geometría constructivista, como se puede apreciar en la fotografía “El downtown de Manhattan de noche” (1940), en la que las ventanas iluminadas de los rascacielos conforman una maraña de pequeñas retículas; en todas las instantáneas centradas en esas vías férreas que parecen trazadas con tiralíneas; en las innumerables fotografías de los rascacielos de Nueva York en las que el ángulo recto es el claro protagonista; incluso en la panorámica del cementerio judío de Nueva York con la infinidad de lápidas que conforman un paisaje que no deja de ser geométrico; o en los campos petrolíferos de California en los que las torres de extracción nos retrotraen a las obras de Léger o a las de los futuristas italianos.
Por el contrario, cuando la obra de Feininger se centra en la Naturaleza, podemos apreciar una búsqueda de la abstracción lírica, bien sea a través del ala de una libélula (una pieza de una gran delicadeza), de la caja torácica de un gorila o el tallo de una caña cuya textura parece recordar a una paletada de pintura. Una experimentación que también puede apreciarse en la técnica utilizada, porque además de la “solarización”, también podemos apreciar en esta exposición otro desnudo de 1929 realizado en esta ocasión con la técnica de la “reticulación” (efecto que se consigue mediante la formación de arrugas y pliegues en la superficie de una placa fotográfica).
 
Esta búsqueda de nuevas forma de expresión es más patente en la obra temprana de Feninger, pues su carrera profesional le llevaría a trabajar en la revista Life de 1943 a 1962, donde se erigió, tal y como señala Jean-François Chevrier en el catálogo de esta exposición, en “el representante tipo de una cultura de la fotogenia y de la imagen fija espectacular, a la que se opusieron los creadores del estilo documental moderno, entre ellos Walker Evans y Cartier-Bresson, tras apartarse del esteticismo de los autoproclamados primeros maestros de la straight photography (fotografía directa o pura) (Stieglitz, Strand)”.
Feininger realizaría un total de 346 reportajes para la revista Life, convirtiéndose en uno de los fotógrafos estrella de esta publicación. Muchas de sus portadas pueden verse en esta exposición en una acertada selección que se presenta en unas vitrinas acompañadas de algunas cámaras de Feininger, entre las que no faltan las míticas Leica IIIA o la Rolleiflex automática con lente Zeiss. Asimismo, el catálogo de la muestra, que además de los textos comentados incluye uno de Juan Manuel Bonet sobre cuatro libros de Feininger, constituye un original homenaje en su diseño a la revista Life que durante tantos años acogió el trabajo de algunos de los fotógrafos más prestigiosos del siglo XX.

ANDREAS FEININGER (1906 – 1999)
MUSEO DE ARTE ABSTRACTO ESPAÑOL. CUENCA
CASAS COLGADAS
COMISARIO: THOMAS BUCHSTEINER
HASTA EL 31 DE AGOSTO


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"Valdés como pretexto"

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