Antonio López y Lucian Freud en Madrid

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Con la llegada de agosto y la consiguiente invasión de turistas madrileños en busca del sol y la playa de la Comunidad Valenciana, este año existía la posibilidad de hacer el camino inverso con el nuevo AVE y en tan solo media hora de duración. Una manera de visitar la capital en busca de un banquete artístico al cobijo del aire acondicionado de los museos.

Además de la muestra del Palacio Real de arte polaco en la que podía contemplarse “La dama del armiño” de Leonardo da Vinci junto con un buen número de Rembrandts, la exposición estrella de la temporada veraniega era la dedicada a Antonio López en el Museo Thyssen. Una muestra que registraba colas de más de una hora para poder adentrarse en el universo estético del pintor que mejor había sabido retratar el Madrid contemporáneo. El valiente que fuera capaz de vencer los 40 grados de calor seco de la capital (una experiencia que con suerte tan solo sufriría a lo largo de los escasos metros que separaban la puerta de los edificios de los taxis provistos de aire acondicionado), encontraría una densa selección de obras de maestro del hiperrealismo.

Esta muestra se presentaba como un complemento a la que tuvo lugar en 1993 en el Museo Reina Sofía de Madrid, por lo que en un principio tan solo iba a incluir la obra reciente realizada por el artista de Tomelloso. Sin embargo, además de la selección de obra reciente exhibida en la sala de exposiciones temporales del museo, una claustrofóbica sala situada en el sótano del museo acogía una retrospectiva del artista que iba desde sus orígenes hasta la etapa de madurez. Por tanto, estábamos ante dos exposiciones por el precio de una. Algo que podía desconcertar al visitante, pues hubiera sido más lógico aunarlas en una única muestra que diera una visión de conjunto de este gran artista español. Además, ambas exposiciones coincidían en presentar un buen número de obras inacabadas.
 
Cualquiera que hubiera visto la película de Víctor Erice “El sol del membrillo” (1991), en la que se retrataba el proceso creativo de Antonio López, sabía que Antonio era tremendamente perfeccionista a la hora de captar en sus obras la luz que quería retratar. Una batalla que daba por pérdida (como era el caso del membrillo al que se enfrentaba en esta película) en muchas ocasiones. Esas derrotas se exponían también en esta muestra como si fueran victorias, en lugar de exhibirlas en un apartado diferenciado que hubiera ayudado a contextualizar y entender el resto de obras. De todos modos, era una buena ocasión para contemplar algunas obras maestras como su conocido cuadro de la Gran Vía de Madrid o algunos paisajes de la capital desde distintos puntos de vista.

Una visita que podía aprovecharse para acercarse a la colección permanente del Museo Thyssen y poder así rendir un homenaje al recientemente fallecido Lucian Freud a través de las cuatro retratos de este artista (uno de ellos del Barón Thyssen y únicas obras de Freud que podían verse en España) presentes en la colección. Unas obras que resumían perfectamente el universo creativo de este artista que apenas salía de su estudio londinense. Una prueba más del enorme acierto de haber traído en su día esta colección a España, pues venía a llenar las amplias lagunas del resto de colecciones públicas españolas y constituía un foco de atracción para miles de visitantes ávidos de encontrarse con una excelente selección del mejor arte de todos los tiempos.


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"Valdés como pretexto"

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