El arte como atracción turística

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Si el principal atractivo de Madrid lo constituyen sus colecciones museísticas (con el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía a la cabeza), el de París está compuesto tanto por sus museos como por sus exposiciones temporales, algo por lo que la capital francesa ha apostado con fuerza. En tiempos de crisis económica y de una gran competencia turística con multitud de destinos a precios muy asequibles gracias a los vuelos de bajo coste, la ciudad de Valencia, sin poseer las colecciones de Madrid o París ni el presupuesto para exposiciones de esta última, bien podría mirarse en el espejo de la ciudad de la luz para captar así parte de ese turismo cultural dispuesto a coger un vuelo para visitar una exposición, porque no conviene olvidar que las líneas de bajo coste son de doble dirección, sirven tanto para que los valencianos puedan viajar a toda Europa como para que los europeos visiten la Comunidad Valenciana.


En esa línea, el otoño parisino presenta actualmente una oferta expositiva que no tiene parangón con ninguna otra ciudad del mundo (quizás tan solo Nueva York pueda estar a su nivel). A las impresionantes colecciones de sus principales museos, como el Louvre, el Museo de Orsay o el Pompidou, hay que añadir una serie de exposiciones temporales – muchas de ellas organizadas por la Réunion des Musées Nationaux, institución en la que se inspiró para su creación el actual Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana – que constituyen motivo suficiente para coger un avión y plantarse en la avenida de los Campos Elíseos.


La oferta parisina para esta temporada empieza en el más emblemático de sus museos, el Louvre, que ofrece una gran exposición sobre la Macedonia de Alejandro Magno en la que se pueden contemplar más de 500 objetos, muchos de los cuales se exponen juntos por primera vez. El Grand Palais, espacio que se creó con motivo de la Exposición Universal de París de 1900 y que ha destacado en los últimos años por organizar exposiciones retrospectivas de los grandes maestros franceses, acoge una exposición de la familia de coleccionistas Stein (de actualidad cinematográfica por su aparición en la película de Woody Allen “Midnight in Paris”), que fueron los primeros en apostar por autores como Picasso o Matisse (tan solo la sala dedicada a Matisse ya constituye por sí sola una gran muestra dedicada a este artista). El Pompidou expone más de 80 pinturas de Edward Much, el autor de “El grito”; el Museo de la Orangerie acoge la muestra titulada “España entre dos siglos. De Zuloaga a Picasso. 1890 – 1920”, comisariada por Pablo Jiménez Murillo; el Museo de Arte Moderno de París exhibe las esculturas de  Georg Baselitz (quien pudo verse en el IVAM en el año 2000); y el Museo del Jeu de Paume dedica su espacio a las perturbadoras fotografías de Diane Arbus. 


Casi todas estas exposiciones presentan largas colas para poder acceder a ellas y los precios de cada entrada rondan los 12 euros. Una buena manera de rentabilizar estas exposiciones, no solo socialmente sino también desde el punto de vista económico, pues algunas de ellas llegan a dar beneficios. Ahora, eso sí, la gente solo está dispuesta a pagar por la calidad pero si en Francia se paga por ver una buena exposición, ¿por qué no se va hacer lo mismo en España? ¿Acaso somos un país más rico que Francia?



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