Ciria y Morris

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En una época de contracción en el mundo del arte, en la que cierran muchas galerías privadas y menguan los presupuestos de los museos públicos, llama especialmente la atención que se puedan contemplar actualmente en el IVAM dos exposiciones tan interesantes como la dedicada a José Manuel Ciria y la de Robert Morris. Dos exposiciones muy diferentes pero que constituyen una muestra del vigor y del buen momento de dos artistas que han fijado su residencia en Nueva York, ciudad que sigue siendo la capital del arte contemporáneo.
La muestra dedicada a Ciria comprende 28 pinturas y 82 dibujos realizados durante la última década. En ella podemos ver la evolución reciente de Ciria desde la abstracción hasta la figuración que caracteriza sus últimas obras. La mancha tan presente en su obra durante los años noventa ha dado paso a unos cuadros centrados en la figura humana y, más concretamente, en la cabeza, un lugar en el que Ciria experimenta con el color (el rojo sigue estando muy presente en su obra) y con el gesto pictórico, al igual que anteriormente lo hizo en la mancha abstracta. Su traslado a Nueva York ha sido determinante en esta evolución, pues el artista no deja de ser una esponja que absorbe toda la información que le rodea y la interpreta a través de su mirada personal. Pero si hay una constante en la obra de Ciria es su diálogo con la Historia del Arte. Su obra está plagada de citas a artistas como Marcel Duchamp, Joseph Kosuth, Robert Motherwell o Kasemir Malevich. Y es que Ciria es un autor culto que incluso ha realizado una incursión en la literatura con un diario de Moscú en el que narra los 17 días que pasó en la capital rusa con motivo de una exposición en la Galería Tretyakov. Unas páginas llenas de sinceridad en las que retrata con toda crudeza y sin eufemismos su experiencia moscovita: “Hace falta ser profundamente gilipollas para que Rusia te parezca un lugar acogedor”.
Por su parte, la muestra dedicada a Robert Morris recoge 124 dibujos realizados desde los años 60 hasta la actualidad. La obra de Morris también ha estado caracterizada por una evolución constante. Cuando fue elegido en 1958 como mejor pintor joven de Estados Unidos por la revista Artnews, dejó de pintar para dedicarse a otras disciplinas como la escultura, el land art, la performance, la instalación o el vídeo. Sin embargo, el dibujo ha sido una constante a lo largo de toda su obra. Hay que tener en cuenta que el dibujo es el primer pensamiento visual del artista (tan solo de Leonardo da Vinci se conservan más de 6000 páginas de anotaciones y dibujos) y este puede tomar la forma de un boceto, una obra acabada o un dibujo preparatorio para una escultura. De todo ello se puede encontrar en la obra de Morris, quien también hace referencia a los grandes artistas del pasado como los desastres de Goya o la montaña de Saint-Victoire tantas veces pintada por Cézanne.

En definitiva, dos buenas exposiciones para huir del temporal económico que nos rodea y buscar refugio en las manchas de color de Ciria o en los laberintos de grafito de Morris y esperar a que la tormenta escampe.


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