Crítica

Visión valenciana de la Colección del Reina Sofía

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La colección permanente es la columna vertebral de un museo, la base sobre la que se asienta su actividad. La conservación de una colección de arte no sólo consiste en su conservación material, llevada a cabo tradicionalmente por el departamento de Restauración, sino también en su investigación, estudio y divulgación, lo que podemos denominar su conservación intelectual. Y esa es uno de los principales retos que se planteó Manel Borja-Villel (Burriana, 1957) al asumir la dirección del Museo Reina Sofía.
Para llevar a cabo esta misión, el museo requiere de un espacio físico y ahí es donde radica una de las grandes dificultades del Reina Sofía: un edificio que originariamente fue un hospital y que actualmente se ha ampliado con dos nuevas salas de exposición diseñadas por Jean Nouvel. Borja-Villel ha optado por dedicar a la colección toda la planta baja y un ala de la cuarta planta del edificio Sabatini y las dos salas del edificio Nouvel. Más de 7.000 metros cuadrados en los que se pueden contemplar cerca de 1.000 obras de las más de 17.000 que componen sus fondos, entre las que destacan las de algunos artistas valencianos.
 A pesar de que esta presentación se ha publicitado como una agrupación de “micronarraciones” o “cosmologías” - que haciendo un símil literario la acercaría a las “Mil y una noches” - se puede observar que en el montaje subyace una narración lineal, una secuencia histórica.
La colección arranca con los grabados de Francisco de Goya, una de las novedades más destacada por los medios de comunicación, y una decisión acertada pues, al fin y al cabo, al pintor aragonés se le considera como el inicio de la modernidad. Estos grabados dan paso a la fotografía, que comenzó su desarrollo a mediados del siglo XIX, y al cine, otra de las novedades. En el apartado de la fotografía, encontramos la primera referencia valenciana en una instantánea anónima datada entre 1860 y 1880 en la que aparece una vista del puerto de Alicante con el castillo de Santa Bárbara al fondo.
El paso del siglo XIX al XX viene de la mano de esa España negra encarnada en la obra de artistas como Ignacio Zuloaga, Darío Regoyos o Gutiérrez Solana. Sin embargo, Borja-Villel considera que no se puede entender esta España sin el contrapunto colorista de autores como Anglada Camarasa, Santiago Rusiñol o Joaquín Sorolla, que está presente con el lienzo titulado “Saltando a la comba, La Granja” (1907), cedido por el Museo Sorolla de Madrid. Esta luminosa sala, en la que también se pueden contemplar obras de un joven Picasso, de Iturrino o de Sunyer, da paso a la de Julio González, autor clave en el desarrollo de la escultura del siglo XX que da nombre al edificio principal del IVAM y que colaboró con Picasso en el proyecto escultórico de homenaje a Apollinaire.
 

 
Precisamente, Picasso y su Guernica es el absoluto protagonista de una de las salas más atractivas de la colección permanente, la que gira alrededor de esta obra expuesta en el Pabellón de la República Española en París en 1937. La obra – realizada en blanco y negro al igual que las imágenes que llegaban a través de la fotografía y del cine del trágico bombardeo de esta población vasca - se encuentra totalmente contextualizada junto con sus bocetos, una maqueta del Pabellón español diseñado por Josep Lluis Sert, la maqueta de la fuente realizada por Alexander Calder o una escultura de Alberto; todas ellas realizadas en 1937 y todas ellas encargadas por el artista valenciano Josep Renau (Valencia, 1907 – Berlín, 1982) en calidad de director general de Bellas Artes. Uno de sus carteles, “Victoria: hoy más que nunca”, está presente en esta sala que encarna el compromiso de toda una serie de artistas en la lucha contra el fascismo.
 

 
Para encontrar la siguiente presencia valenciana nos tenemos que trasladar a la sala del Neorrealismo en España, encarnada por una serie de fotógrafos que retrataron las duras condiciones de la España de los años cincuenta. Ahí es donde encontramos a Gabriel Cualladó (Masanasa, 1925 – Madrid, 2003), presente con diez fotografías junto a la de otros autores como Joan Colom, Francesc Catalá Roca o Ramón Masats. Paralelamente a ese neorrealismo se desarrolla en España un arte abstracto geométrico, que reivindica el constructivismo europeo de entreguerras, encarnado en España por autores como Pablo Palazuelo, Equipo 57 o el alicantino Eusebio Sempere (Onil, 1923 – 1985), presente aquí con una obra de 1955.
El imaginario mediático que impregna los años sesenta se deja ver en España en la obra de artistas como Eduardo Arroyo, Luis Gordillo o Equipo Crónica, formado por los valencianos Rafael Solbes y Manolo Valdés, y que realizan una obra caracterizada por la influencia de los medios de comunicación de masas, como podemos ver en la obra “Deformación profesional” (1966) y por el diálogo con la Historia del Arte, como vemos en “Las peñas” (1975), ambas presentes en la exposición.
Finalmente, al llegar a las últimas salas dedicadas al arte contemporáneo, nos llevamos la sorpresa de la ausencia de artistas valencianos. Algo que tiene su explicación, pues Borja-Villel ha optado por incidir en esta primera presentación en los artistas vascos, catalanes y sevillanos para centrarse en la próxima presentación en los madrileños y valencianos, para tener tiempo así de adquirir obras más representativas de los mismos. Para ello, ya se barajan los nombres de autores como Manolo Valdés, Juan Genovés, Miquel Navarro, Carmen Calvo o Andreu Alfaro. Tiempo al tiempo.


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Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

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