Sorolla. Una deuda saldada

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Sorolla es a Valencia lo que Cézanne es a Aix-en-Provence y van Gogh a Arles. La vida y obra de los tres está indisolublemente unida a estas ciudades pero sus obras maestras están lejos de las mismas. Cézanne nació y murió en Aix-en-Provence pero la relación de esta ciudad con su paisano fue de desdén hasta que sus obras alcanzaron una altísima cotización en el mercado del arte. Entonces ya fue tarde para adquirir un buen número de ellas y tan solo el museo local alberga algunas depósitos procedentes del Museo de Orsay. Sin embargo, hay toda una ruta turística de Cézanne que atrae cada año a miles de personas y que incluye la visita a su estudio, a la casa familiar del Jas de Bouffan y a la montaña de Sainte-Victoire, que tantas veces retrató.


El caso de Vincent van Gogh es todavía más paradigmático. El pintor nació en Holanda pero pronto se trasladó a París y, posteriormente, a Arles en busca de la luz de la Provenza, donde acabó quitándose la vida. En los alrededores de esta ciudad, pintaría algunas de sus obras más conocidas como "Los girasoles", "La habitación" o muchos de sus retratos más conocidos. Sin embargo, el visitante no encontrará en Arles ni una sola obra de van Gogh, deberá de conformarse con pisar el mismo suelo del sanatorio de Arles en el que le ingresaron sus propios vecinos (reconvertido actualmente en centro de exposiciones con el nombre de “Espace Van Gogh”), cenar en el café situado en la plaza del Forum que inmortalizó de noche sin ni siquiera utilizar el color negro, deambular bajo los árboles del paseo de Les Alyscamps, cruzar el puente levadizo de Langlois (reconstruido como atractivo turístico) o contemplar la casa amarilla donde se alojó y que nada tiene que ver con la original.


El caso de Sorolla y Valencia, sin ser tan extremo, guarda cierta similitud con los anteriores. Sorolla nació y vivió mucho tiempo en Valencia, ciudad cuyos paisajes forman parte fundamental de su obra. Sin embargo, la última década de su vida la dedicó a viajar por toda España para realizar su famosas visiones de España encargadas por la Hispanic Society de Nueva York. Al morir Sorolla, su legado quedó en Madrid, ciudad donde residía con su familia, y fue así como su casa en la capital de España se transformó en el actual Museo Sorolla. 


Los visitantes que acudían hasta la fecha a Valencia a contemplar la luz y las playas que Sorolla inmortalizó en sus cuadros se quedaban sin poder ver apenas obra suya. Sin embargo, el Museo San Pío V acaba de saldar esa deuda de la ciudad con el artista al abrir una sala permanente dedicada a Joaquín Sorolla con 40 obras. Unas obras que han llegado al museo en parte por legados de la familia y de particulares, por lo que podemos encontrar un Sorolla íntimo, lejano a esas obras tan luminosas que le han dado un prestigio internacional. Una buena manera de acercarse a la vida y a la obra de este artista y poder así, al mismo tiempo, afianzar el turismo cultural en la ciudad de Valencia. Todo un acierto por parte de la Generalitat Valenciana.



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"Valdés como pretexto"

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