Crítica

El alma del IVAM

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La colección es la columna vertebral de cualquier museo, y la conservación, difusión y exhibición de la misma una de sus principales funciones. Al contrario de muchos de los museos que han florecido por toda España en años recientes, el IVAM se creó en 1986 y su edificio no se inauguró hasta 1989, por lo que primero se pensó en el contenido (la colección) y luego en el continente (el edificio) que iba a albergarla. Y esa es, precisamente, una de las claves de su éxito.

Otro de los aciertos fue la apuesta internacional y de prestigio de dicha colección, que se inició con la importante adquisición de los fondos de Julio González (escultor catalán que marcó gran parte de las tendencias de la escultura a lo largo del siglo XX), lo que causó grandes recelos en el mundo artístico local. Sin embargo, esa adquisición (que fue acompañada de una destacable donación por parte de los herederos de González) situaron al museo en el mapa artístico mundial, pues tan solo el MOMA y el Pompidou podían competir con el IVAM en número de obras de este escultor. Esa vocación internacional también se plasmó desde el primer momento en su nombre: Instituto Valenciano de Arte Moderno, en lugar de Instituto de Arte Moderno Valenciano (una fórmula que se copió posteriormente  por diversos motivos para la Academia Valenciana de la Lengua).

La exposición que ahora se presenta responde a una selección realizada por el historiador Francisco Calvo Serraller de las que él considera que son las obras maestras de la pintura en la colección del IVAM. Una selección que se ha estructurado en tres ejes: figura (arte figurativo), norma (abstracción de carácter analítico) y acción (abstracción más expresiva que analítica). Dentro de estos epígrafes caben los grandes nombres de la colección del IVAM que le han permitido poder realizar muy notables exposiciones temporales (no olvidemos que los museos cambian obras como los niños cambian cromos) entre los que se encuentran artistas como Pinazo (el inicio de la modernidad en Valencia), Sorolla, Torres-García, Klee, Moholy-Nagy, Gottlieb, Newman, Hofmann, Esteban Vicente, Dubuffet, Appel, Jorn, Fontana, Klein, Tàpies, Millares, Saura, Rosenquist, Hamilton, Adami, Genovés, Equipo Crónica, Lindner, Richter, Gordillo, Katz, Prince, Baselitz, Kirkeby, Valdés, Halley, Scully, Murray, Music, Bevan, Teixidor o Corazón, entre muchos otros.

Muchas de estas obras ya han podido verse en otras presentaciones de la colección (destacan por poco expuestas la obra de Kurt Schwitters “There”, la de Kupka titulada “Proportions” o la de Masson “Crisálidas”). La auténtica novedad de esta muestra lo constituye la inclusión de obras procedentes de colecciones privadas. Una novedad anómala pues no acaba de entenderse qué hacen aquí obras que no sean de la colección del IVAM, algo que podría justificarse en el caso de ausencias muy importantes como la presencia a través obras privadas de autores como Twombly, Ryman o Barceló (ya puestos podrían haber incluido nombres ausentes mucho más importantes como Picasso, Dalí, Miró, Pollock, De Kooning o Bacon). Esta medida no se justifica con la restante docena de incorporaciones provenientes principalmente de dos galerías de Madrid y que desvirtúan lo que debería ser una presentación de los fondos del IVAM, que, al fin y al cabo, son patrimonio de todos los valencianos.


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"Valdés como pretexto"

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