Crítica

La modernidad de la escultura de Degas

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Edgar Degas (París, 1834 – 1917) expuso por primera vez una escultura en la Cinquième Exposition Impressionniste celebrada en París en 1881. Se trataba de la Petite danseuse de quatorze ans, una escultura realizada en cera que representa a una bailarina casi de tamaño natural en la posición cuarta de ballet con las manos recogidas atrás, la cabeza erguida, los ojos casi cerrados y ataviada con un tutú de tela, unas zapatillas de ballet y una peluca de cabello natural (obra perteneciente actualmente a la colección de la National Gallery de Washington). El verismo de la escultura no dejó indiferentes a los críticos de la época. “La pequeña bailarina del señor Degas es simplemente terrible”, opinaba Louis Enault en el Moniteur des Arts. “Yo no pido que el arte sea siempre elegante, pero en absoluto creo que su papel sea encabezar la causa de la fealdad”, señalaba Elie de Mont en La Civilisation. “Pido al cielo que mi hija no se convierta en esa estatua, en una mujer perdida”, exclamaba Paul Mantz en Le Temps, mientras que Henri Trianon señalaba en Le Constitutionnel que esta escultura estaría mejor “colocada en un museo de zoología”.

Sin embargo, no todo fueron críticas negativas pues Nina de Villard calificó a la bailarina como “un adalid de un nuevo arte” en Le Courier du Soir, y Paul de Charry la elevó a “verdadera obra maestra” en Le Pays. Lo que está claro es que Degas se había adelantado a su tiempo, había creado una muñeca demasiado real, demasiado parecida a un ser humano, tal y como haría mucho tiempo después Ridley Scott en la película “Blade Runner” con esa replicante bailarina interpretada por Daryl Hannah. Degas había roto con las normas establecidas y había creado un punto de inflexión en el devenir de la Historia del Arte. Algo que suele topar con la incomprensión de gran parte de la sociedad del momento. Quizás eso fue lo que le llevó a no volver a exponer sus esculturas pero seguir trabajando en ellas en su taller. A su muerte, los marchantes Paul Durand-Ruel y Ambroise Vollard  realizaron un inventario de las esculturas encontradas en su estudio y, un año después, sus herederos acordaron con el fundidor Adrien A. Hébrard realizar en bronce 73 esculturas con una tirada cada una de 20 ejemplares. Es así como comienzan a danzar las bailarinas en bronce de Degas, pues hay que reseñar que todos los bronces de Degas fueron realizados tras su muerte.

Una colección completa de esos 73 bronces pudo verse junto con otras 46 obras (entre pasteles, dibujos, grabados y fotografías) en una impresionante muestra comisariada por Pablo Jiménez en la Fundación Mapfre en 2008. La exposición que ahora acoge el IVAM ha escrito una nueva página en la escultura de Degas pues es fruto del hallazgo en 2004 de una serie de figuras de yeso realizadas supuestamente por el escultor Paul Albert Bartolomé (1848 – 1928) a partir de las esculturas originales de cera de Degas y con su consentimiento. Estas esculturas de yeso son las que se han utilizado para fundir en pleno siglo XXI los bronces que ahora se exponen en el IVAM y que demuestran una vez más la modernidad de ese gran voyeur que fue Degas, quien, como afirma Nadia Arroyo en el catálogo de la Fundación Mapfre, rompió “sólidas barreras para abrir nuevos caminos”.

LAS ESCULTURAS DE EDGAR DEGAS
IVAM. C/ GUILLEM DE CASTRO 118. VALENCIA
COMISARIOS: WALTER MAIBAUM Y CAROL CONN
HASTA EL 17 DE ABRIL DE 2011


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"Valdés como pretexto"

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