El éxito de Picasso

Enviar a un amigo   Imprimir
El término inglés “blockbuster”, además de para designar a una cadena de videoclubes desaparecida gracias a las descargas ilegales, se utilizaba para esas películas o libros que eran un gran éxito de ventas. Un término que no tenía una traducción literal en castellano pues remitía a un concepto que lamentablemente no había tenido mucho arraigo en la cultura española.

Una cierta parte de la sociedad española veía incluso con malos ojos la rentabilidad económica de la cultura, como si fueran términos reñidos entre sí, incompatibles. Estaba claro que la principal rentabilidad que se podía obtener de la cultura era social, pues contribuía a crear una sociedad más libre, más diversa, más tolerante, en definitiva, una sociedad mejor. Sin embargo, ello no estaba reñido con realizar una buena gestión económica de la cultura, que, en algunos casos, podía llegar incluso a generar beneficios económicos, algo que incomprensiblemente algunos veían como negativo. De hecho, muchas veces se utilizaban expresiones como “película o exposición comercial” de forma peyorativa, como equivalente a ausente de calidad artística. Un fenómeno inconcebible en otras sociedades como la norteamericana, en la que el adjetivo “comercial” se tomaba más bien de forma elogiosa.

Picasso constituía un buen ejemplo de ello. Este artista representaba a nivel internacional, lo que Sorolla representaba en Valencia y en toda España, un éxito de visitantes en todas las exposiciones que se realizaran sobre él. El Museo de Arte de Seattle acababa de alcanzar su récord de visitas con la exposición “La colección nacional Picasso, París”, a la que se habían acercado más de 400.000 visitantes en poco más de cuatro meses. Era costumbre de los museos norteamericanos y de muchos europeos (como la Tate) cobrar por la entrada a las exposiciones temporales. Por lo que una exposición como la de Seattle, por la que se podía cobrar unos 10€ de entrada y a la que acudían más de 400.000 visitantes, podía generar unos 4 millones de euros de ingresos para el museo. Todo un ejemplo de buena gestión. De hecho, esta exposición estaba realizada con los fondos del Museo Picasso de París y previamente había podido contemplarse en el Museo Reina Sofía de Madrid (donde recibió un buen número de críticas por su carácter “comercial”), en Abu Dhabi, en Japón y en Helsinki, y aún le quedaban las paradas del Museo de Bellas Artes de Virginia y el de San Francisco. Todos ganaban con la exposición, los museos que acogían la muestra porque veían que los visitantes acudían en masa a sus puertas; el Museo Picasso, que obtenía fondos para la remodelación y ampliación de su sede en París, cuya apertura estaba prevista para 2012; y el propio Picasso pues su obra era conocida y disfrutada por un gran número de ciudadanos.

Los fondos parisinos de Picasso eran un ejemplo pero el universo picassiano no conocía límites. El MOMA de Nueva York acababa de inaugurar la muestra “Picasso. Guitarras 1912-1914”, dedicada a un corto periodo de tiempo en el que el artista experimentó con los “ready-mades” u “objetos encontrados”. Por su parte, el Museo van Gogh de Amsterdam había inaugurado el 18 de febrero la exposición “Picasso en París, 1900-1907” dedicada a los años de formación del artista en la capital francesa, una exposición que podría verse en Barcelona a partir del 30 de junio. Dos buenos ejemplos de que el arte podía ser comercial y de calidad, por mucho que algunos prefirieran que fuera patrimonio de una reducida élite intelectual.


Volver a la página anterior
  Inglés | Español

 

Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

© 2010 www.perfectwide.com. Todos los derechos reservados.