El éxito de la marca FIB

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¿Qué es lo que lleva a un joven a decantarse por comprar un par de zapatillas de la marca Nike o uno de Adidas cuando el precio y la calidad es muy similar en ambos casos? La respuesta es muy sencilla: el “branding”, un palabro inglés que vendría a significar algo así como el estilo de vida que transmite una marca. Este fenómeno se ha extendido en el mundo de la cultura de forma considerable durante los últimos años. El hecho de que el logotipo de la Tate Modern esté en constante movimiento en su página web no se debe al capricho del diseñador, sino al mensaje que se quiere transmitir consistente en que la Tate nunca está quieta, pues siempre está mirando qué ocurre a su alrededor.
 

La marca FIB ha trasmitido claramente desde el primer momento cuál era su sello inconfundible y así consta en sus propias siglas: Festival Independiente de Benicasim. Los hermanos Morán decidieron montar un festival en una localidad costera que diera cabida a una serie de grupos musicales que estaba fuera de los circuitos comerciales. Así surgió en 1995 el primer FIB con un cartel compuesto por grupos como Suede,  The Stone Roses o Chemical Brothers, y en un recinto, el velódromo de Benicasim, que no podía acoger a más de 8.000 personas. Pero como todo en esta vida experimenta una evolución, esa “i” de independiente dio paso a una “i” de Internacional. Era un modo de dar entrada a grupos que quizás no podrían ser clasificados de independientes pero que aseguraban el lleno absoluto la noche en que actuaban. Una especie de guinda que adornaba un pastel, que continuaba fiel al espíritu “indie”, y que aseguraba unos buenos ingresos económicos e impactos mediáticos. Fue así como pudieron verse por Benicasim grupos como Depeche Mode, Morrisey (al segundo intento) o Pet Shop Boys.
 

La marca se consolidó hasta el punto de que meses antes de que el recinto  abriera sus puertas ya tenía la mayor parte de las entradas vendidas. El FIB había conseguido una serie de seguidores fieles que confiaban en la calidad de una programación diseñada por el equipo de los hermanos Morán. 2010 ha sido el primer año en el que los hermanos Morán no han participado en la gestión del festival tras su venta al británico Vince Power. El equipo de gestión ha sido el mismo de otros años pero han sido muchas las voces que se han alzado reclamando un cartel de mayor tirón. Quizás se han echado de menos cabezas de cartel capaces de atraer a 40.000 seguidores el día de su actuación (este año las cifras no han pasado de 25.000 asistentes por noche). Es como si grupos como Oasis o The Cure o hubieran sido sustituidos por Booster y Energy Storm, dos atracciones de feria situadas a un extremo y otro del recinto de conciertos y que se ciernen de forma amenazante sobre la explanada del festival. Un año de crisis económica que debe servir para reflexionar sobre el futuro de un festival que debería de seguir fiel a sus orígenes y a su evolución. Un año en el que se ha puesto a prueba la fortaleza de una marca, que se ha mostrado más resistente en Inglaterra que en España pero que aún tiene mucho futuro por delante.
 



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