Crítica

El futurismo en la publicidad italiana

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La grandeza de las sociedades democráticas reside en la libertad. Podemos ver una exposición plagada de carteles con brazos en alto y vítores al fascismo italiano sin que comulguemos con esas ideas, es más a pesar de que las mismas nos produzcan repugnancia, pero somos capaces de apreciar en esos carteles unas cualidades estéticas destacables. Esto es lo que ocurre con la muestra titulada “El espíritu futurista en la publicidad italiana. Selección del Massimo & Sonia Cirulli Archive, New York” organizada por el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM) y patrocinada por la Caja del Meditarreáneo (CAM).

El futurismo fue uno de los primeros movimientos de vanguardia que pretendió marcar todos los aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos. Su fundador, Filippo Tommaso Marinetti, dejó bien claro desde la primera frase del Manifiesto del Futurismo creado en 1909 cuáles eran los principios básicos de este movimiento: “Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito a la energía y a la temeridad”. Este manifiesto, con un marcado carácter provocador, incluía frases del estilo de “nosotros queremos glorificar la guerra – la única higiene del mundo -, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las que se muere y el desprecio de la mujer. Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista o utilitaria”. Visto lo visto, no es de extrañar que los futuristas se alinearan del lado del fascismo italiano y contribuyeran con su arte a la difusión de estas ideas.

Esta exposición estructurada en cuatro apartados dedica precisamente uno de ellos, el titulado “Las manifestaciones del régimen” a este aspecto. No debemos olvidar que los carteles publicitarios, además de una forma de expresión artística, son un instrumento de comunicación de masas y las diversas ideologías que surgieron a principios del siglo XX hicieron un amplio uso de ellos (el valenciano Josep Renau sería un buen ejemplo del cartelismo al servicio de las ideas comunistas). Esta apartado incluye desde un inquietante cartel publicitario de los camisas negras en el que aparece un joven con el brazo levantado y un puñal en el cinturón hasta un cartel que celebra con una imagen de Mussolini la victoria del “Sí” en el referéndum de 1934 en el que los italianos fueron llamados para aprobar la lista de diputados designados por el Gran Consejo del Fascismo, pasando por un busto del Duce realizado por Renato Bertelli que plasma de manera perfecta esa exaltación de la velocidad y el movimiento que propugnaba el futurismo.

Una idea que encontramos plenamente desarrollada en el apartado denominado precisamente “La velocidad”. No hay que olvidar que el propio Marinetti, tal y como señaló en el manifiesto fundacional del Futurismo, consideraba “un automóvil rugiente, que parece correr bajo la metralla, más bello que la Victoria de Samotracia”. Una belleza que también apreciarán en las carreras de coches, en las competiciones náuticas o en los carteles dedicados a las líneas navieras que unían distintas ciudades. En este apartado, es especialmente destacable un cartel realizado por Lucio Fontana en el que un barco corta con su velocidad una especie de globo terráqueo. Un corte que ya parece anunciar los famosos “Tagli” que caracterizarán la obra posterior de Fontana.

Los otros dos apartados de la muestra llevan los títulos de “La figura” y “La simplificación”. La primera hace referencia a la figura humana y el modo en que ésta es plasmada en estos carteles, siempre en movimiento, nunca estática. Y el segundo apartado aborda los carteles publicitarios en los que el protagonismo lo tienen la tipografía o las formas geométricas con interesantes ejemplos de Giacomo Balla o del mismo Marinetti. 

Por último, esta exposición, procedente de los fondos de los coleccionistas italianos Massimo y Sonia Cirulli, también pone de manifiesto cómo la sociedad ha sido mucho más indulgente con el fascismo que con el nazismo. Sin ir más lejos, Leni Riefenstahl, amiga personal de Adolf Hitler y cineasta oficial del régimen, aportó grandes innovaciones al mundo del cine, como el contrapicado, y fue admirada por directores como Chaplin, Coppola o Cocteau. Sin embargo, nunca se le perdonó su colaboración con el gobierno nazi y cualquier intento de llevar a cabo una exposición sobre su obra ha contado con la oposición de ciertos sectores que no son capaces de reconocer las cualidades estéticas de una obra independientemente de su contenido ideológico. 
EL ESPÍRITU FUTURISTA EN LA PUBLICIDAD ITALIANA
COMISARIO: LUIGI CAVADINI
MUVIM
HASTA EL 12 DE OCTUBRE DE 2010


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Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

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