Crítica

El origen de los iconos rusos

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Lo primero que uno se pregunta cuando contempla un icono ruso es cómo una obra fechada en el siglo XV puede presentar una rigidez y un hieratismo tan alejado de la maestría en la representación del movimiento que alcanzaron los artistas de la Grecia clásica muchos siglos antes de Cristo. La respuesta a esta pregunta se remonta a la época del Imperio Romano, a cuando el emperador Constantino decreta en el año 311 d.C. el cristianismo como la religión oficial del Estado. Esta medida pone fin a años de persecuciones contra los cristianos. Comienzan a erigirse templos cristianos que no siguen en su diseño el modelo de los templos paganos, en los que los sacrificios se realizaban en el exterior, sino que se inspiran en las grandes salas romanas de reuniones, conocidas como basílicas, en las que se reúnen los seguidores de esta religión para celebrar la misa.

Estas salas se utilizaban como mercados cubiertos o tribunales públicos y solían ser alargadas y rematadas en un extremo por un estrado semicircular en el que se situaba el juez y que se convertiría en altar para las celebraciones cristianas. El debate que entonces surgió se centró en cómo decorar estas basílicas. Por una parte, debían evitarse las estatuas pues recordaban a las imágenes paganas condenadas por la Biblia y diferenciarse así de esas otras religiones. Pero, por otra parte, con una población mayoritariamente analfabeta las imágenes podían servir de gran ayuda para ilustrar los pasajes de la Biblia y ayudar así a su difusión entre los fieles que acudían a los templos. Esta fue la teoría defendida por el Papa Gregorio El Grande quien afirmó que “la pintura puede ser para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer”. Esta decisión marcó un punto de inflexión en el devenir de la Historia del Arte. Por un lado, las imágenes no desaparecen de los templos, como algunos defendían, pero, al mismo tiempo, esas imágenes deben de estar al servicio del mensaje, por lo que deben evitar todo adorno que pueda distraer la comprensión de ese mensaje.

Esa premisa se siguió tanto en la Iglesia de Occidente como en la de Oriente pero mientras que en Occidente irrumpirá con fuerza el Renacimiento, gran parte del arte realizado en los territorios de la Iglesia de Oriente, y en concreto en Rusia, permanecerá impermeable a estas influencias. De ahí que los iconos rusos mantengan una apariencia muy similar a las pinturas murales del Románico y los retablos góticos, con la diferencia que los iconos rusos han continuado realizándose de manera ininterrumpida hasta nuestros días, tal y como puede contemplarse en la selección de obras del Museo Andrey Rublev que se exponen actualmente en el Centro Cultural Bancaja.

Sólo esto explica que estos iconos rusos, herederos de los bizantinos, presenten esas imágenes en posición frontal con una ausencia total de perspectiva. Algo que puede comprobarse fácilmente en la obra titulada “La entrada de Jesús en Jerusalén” que, a pesar de estar fechada en 1698 (año en el que artistas como Velázquez, Bernini, Vermeer o Rembrandt ya habían incluso fallecido), presenta unas figuras con un tamaño totalmente inadecuado para el lugar en el que están ubicadas y una serie de edificios de la ciudad de Jerusalén en los que la profundidad de campo brilla por su ausencia. Una característica que acompaña a todos los iconos rusos, pues todos ellos se quedaron anclados en una técnica propia de la Edad Media y que ha continuado practicándose hasta nuestros días sin que hayan experimentado ninguna evolución en su técnica y temática, convirtiéndose en un arte totalmente repetitivo.
 
“EL MUSEO ANDREY RUBLEV Y SU COLECCIÓN”.
CENTRO CULTURAL BANCAJA. VALENCIA.


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"Valdés como pretexto"

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