Crítica

El universo femenino de Joan Miró

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Una buena manera para conocer la trayectoria de un artista es elegir un motivo determinado que aparece de forma recurrente a lo largo de su obra para explorar a través del mismo el universo creativo de este autor. Esto es lo que han realizado los comisarios de esta exposición que puede contemplarse actualmente en la Fundación Bancaja de Valencia y, para ello, han escogido la imagen femenina, que junto con el pájaro son los dos motivos que más se repiten en la obra de Joan Miró (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983).
La mujer ha sido ampliamente representada en la Historia del Arte desde su propio origen, desde que los habitantes prehistóricos decidieron plasmar en los abrigos rupestres las primeras imágenes creadas por el ser humano. Pero en el caso de Joan Miró, como él mismo afirma, el “título femme no es una criatura femenina, sino un universo. El sexo femenino forma parte de mi vocabulario. Es como los planetas o las estrellas”.
El recorrido por la representación de la mujer en la obra de Miró es un recorrido por la obra de este artista catalán que consiguió lo que sólo unos pocos consiguen en la Historia del Arte, crear un estilo propio claramente reconocible que lleva a que sus obras se conozcan por su apellido como consiguieron en su día artistas de la talla de Picasso, Giacometti, Pollock, Rothko, Warhol o Bacon, por poner algunos ejemplos del siglo XX.
Ese estilo propio ya se puede observar en una obra como el proyecto de portada para la revista L’Instant que realizó en 1919. Miró contaba entonces con 26 años pero ya tenía claro ese estilo propio que desarrollaría a lo largo de su carrera. Y es que Miró fue siempre un hombre de ideas claras. A la edad de 17 años y tras pasar dos años de empleado en los almacenes de la ferretería Dalmau i Oliveres, escribió una carta a sus padres en la que les comunicaba que “me he dedicado al comercio, sin tener ninguna vocación para él, sólo dejándome guiar por ustedes, que no conocen bien a fondo mis verdaderas aspiraciones y yo, por otra parte, sin haber consultado antes mi corazón, y no escuchando la voz de mi conciencia de que llamaba por la pintura, para la cual he nacido. Renuncio, pues, a mi vida actual para dedicarme a la pintura”.
 A pesar de esas convicciones firmes, Miró no fue ajeno a las influencias que tuvieron los artitas de su generación, como el primitivismo, que tanta admiración causó en los artistas de la primera mitad del siglo XX. Si bien la forma habitual de plasmar ese primitivismo fue a través de las máscaras africanas que aparecieron en obras clave de la Historia del Arte como son “Las señoritas de Aviñón” de Pablo Picasso, en el caso de Miró, se materializaría en esas enormes vaginas que ocupan todo el cuerpo de la mujer, como si se trataran de figuras prehistóricas asociadas a la maternidad, y que podemos observar en esta exposición.
Otra diferencia con la obra de Picasso - con quien le unió una gran amistad hasta el punto de acudir a su casa “hundido en ideas negras” y salir de la misma sintiendo “de nuevo la imperiosa necesidad de trabajar”, como le confesó al propio Picasso en una carta – es el tratamiento del erotismo. Ante el sexo explícito de las obras de Picasso (como puede observarse en muchas de las suites que posee Bancaja), Miró opta por el misticismo: “El amor es para los dioses, la pornografía para los cerdos”.
En definitiva, una exposición realizada tanto para los dioses como para los mortales dispuestos a adentrarse en esa evocación mironiana de la figura femenina (que siempre representa con tan sólo tres pelos en la cabeza) a través de la pintura, el dibujo y la escultura, y en la que se puede palpar el espíritu de este creador catalán. Prueba de ello lo constituye el catálogo que acompaña a la muestra que, sin duda alguna, se ha confeccionado siguiendo las instrucciones que el artista dio en 1936 a su marchante Pierre Matisse para realizar el catálogo y el cartel de su exposición: “con el máximo de sencillez y el mínimo espíritu artístico”. Miró en estado puro.
JOAN MIRÓ. EVOCACIÓN DE LA IMAGEN FEMENINA
CENTRO CULTURAL BANCAJA
PLAZA TETUÁN, 23. VALENCIA
COMISARIOS: MARÍA LUISA LAX, ENRIC JUNCOSA Y MARÍA ANTONIA ARTIGUES
HASTA EL 21 DE JUNIO DE 2009

 



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"Valdés como pretexto"

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