Crítica

Jose Bedia. Vuelta al primitivismo

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La fascinación por el arte primitivo ha sido una constante a lo largo del arte del siglo XX. Ya a finales del siglo XIX, comienzan a crearse museos de arte primitivo en ciudades como París, Dresde, Leipzig o Zurich pero la marcha de Gauguin a Polinesia en busca de la supuesta pureza de este arte alejado de Occidente marcará el camino que más tarde seguirán artistas como Matisse (quien también viajó a la Polinesia) o Braque, Brancusi, Picasso, Lipchitz, Kirchner, Macke o Nolde, cuya obra estuvo influenciada por este tipo de arte. Por no hablar de la colección de arte africano que poseía André Breton (“el ojo existe en su estado salvaje”) y que puede contemplarse actualmente en el Centro Pompidou de París.

La exposición de José Bedia (La Habana, 1959) también se acerca al arte primitivo pero lo hace desde la antropología. Bedia convive con comunidades indígenas, al modo de los antropólogos, para empaparse de ese imaginario que luego plasma en su obra. Tal y como afirma la comisaria de la exposición, Isabel Durán, “Bedia, tras experimentar, produce algo que lleva consigo la fuerza de otros pasada por un filtro creador que confiere a esas experiencias transformadas la categoría de arte”.

Y es que la obra de Bedia es un continuo retorno a los orígenes. Los materiales son sencillos, el papel está hecho a mano, lejos de los procesos industriales y el esquematismo de sus figuras bucea en el origen de los tiempos hasta las pinturas rupestres de cuevas como las de Altamira o Lascaux. Pero, al mismo tiempo, sus dibujos contienen una fuerte carga crítica hacia la presencia del hombre / turista invasor de esos territorios vírgenes, tal y como comprobamos en una serie de obras en las que una anaconda engulle a un autobús repleto de turistas u otra en la que un fotógrafo es devorado por unos leones.
 
 

 
Mención aparte merece la obra titulada “Dead Man Walking” (2003), en la que aparece un hombre que llora mientras lleva una pesada carga compuesta por un sinfín de objetos fruto de la revolución industrial como un televisor, un submarino, un barco o un avión, toda una metáfora del hombre contemporáneo abrumado por los avances tecnológicos. Una obra cuyo estilo se acerca al del dibujante Saul Steinberg, de quien también pudimos contemplar una magnífica exposición en el IVAM en 2002.

JOSE BEDIA. ENTRE DOS MUNDOS
IVAM. C/ GUILLEM DE CASTRO 118. VALENCIA
COMISARIA: ISABEL DURÁN
HASTA EL 21 DE NOVIEMBRE DE 2010



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Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

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