Crítica

Julian Opie. Un artista de línea clara

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La obra de Julian Opie (Londres, 1958) ha pasado a formar parte de ese imaginario colectivo que uno encuentra en cualquier feria de arte contemporáneo de las cientos que existen actualmente diseminadas por medio planeta, de modo que en algún stand siempre aparece uno de esos rostros esquemáticos que tan popular han hecho a este artista británico y que incluso podemos encontrar en la portada de un disco de Blur. El estilo de Opie se ha calificado como heredero del pop e influenciado por el manga y la estampa japonesa. Sin embargo, la influencia más clara de Opie provendría del dibujo de línea clara creado por la Escuela de Bruselas, cuyo máximo exponente fue el dibujante de cómics Hergé, creador del mítico Tintín. Y es que el dibujo de línea clara no sólo se caracteriza, como su nombre indica, por la definición exacta de la línea sino también por la ausencia de sombras. Este tipo de obras son las que encontramos en las dos primeras salas de esta exposición en las que abundan las pinturas y las vídeoinstalaciones creadas por ordenador y proyectadas en paneles LED y pantallas de cristal liquido, como son “People walking, coloured” (2008), “Ann, dancer” (2007), “Mark, writer” (2001) o “Elly, gallery assistant 5” (2001). Es el Opie conocido que le ha convertido en una marca fácilmente identificable. Unas figuras amables de colores vivos que, en un principio, parecen atractivas pero que tras su contemplación quizás te dejan un poco vacío. Sin embargo, a partir de la tercera sala encontramos otro Opie totalmente diferente. Se aprecia un punto de inflexión en su obra a partir de 2009 en la que se aleja del cómic para pasar directamente al “photoshop”. Es ahí donde encontramos unas imágenes fotográficas retocadas por ordenador a las que también aplica unas líneas de trazos gruesos al contorno de las figuras pero en las que aparece un mayor realismo. Obras como “The Sheckter family” (2010), “Marina in purple shawl” (2009) o “The Blood family” (2010) se alejan del cómic y se acercan a la fotografía para comprobar que el “photoshop” no ha hecho daño tan sólo al periodismo sino que también ha afectado al mundo del arte. La última sala de la galería acoge en su interior una coreografía de esculturas con forma de bailarinas que nos devuelven a ese primer Opie y en las que comprobamos el repertorio de soportes tan heterogéneo con el que trabaja este artista. La muestra se completa con una serie de perfiles negros realizados en vinilo e instalados tanto en la cristalera de entrada del museo como en las vidrieras de la galería, que remiten a la obra de la artista Kara Walker y sus siluetas negras tan características. Por último, llama la atención la ausencia de un comisario de esta exposición, de lo que se deduce que es el propio artista quien ha seleccionado las obras, las ha ordenado y se ha encargado del diseño expositivo y del catálogo de la muestra. Algo que impide el distanciamiento necesario para poder mostrar el pensamiento visual de un artista, que es al fin y al cabo la función de una exposición.
JULIAN OPIE
IVAM. C/ GUILLEM DE CASTRO, 118
HASTA EL 18 DE JULIO DE 2010


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