Crítica

La columna vertebral del IVAM

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Una de las principales funciones de un museo es la conformación y conservación, tanto física como intelectual, de una colección. Se trata de la columna vertebral de un museo, la que dota de identidad al mismo. Al fin y al cabo, los museos no dejan de ser las instituciones en las que la sociedad delega la capacidad de decidir qué objetos vale la pena conservar para las generaciones futuras.

El IVAM nació hace ahora 25 años con ese clara vocación de conformar una colección de arte moderno y contemporáneo de la que carecía la sociedad valenciana. De hecho, se empezó a adquirir la colección tres años antes de inaugurar el edificio. Un selección de esa colección realizada por el comisario Francisco Jarauta puede contemplarse ahora en tres de las salas del museo. Jarauta ha seguido la línea marcada en su día por Alfred Barr, el primer director del MOMA, de realizar una presentación cronológica de la misma frente a otras presentaciones, como la de la Tate Modern, basada en temas.

El recorrido comienza, como no podía ser de otro modo, con Julio González, uno de los pilares de esta colección. El IVAM tuvo el acierto de gestionar en sus inicios, de la mano de Tomás Llorens, una compra y una donación de más de un centenar de piezas de este artista que introdujo la forja de hierro en la escultura. Esta operación ya le situó en el mapa internacional de los museos, pues tras el IVAM son el MOMA y el Pompidou los que tienen un mayor número de obras de González. El llamado "Hombre cactus" recibe al visitante flanqueado por otra obra de González y un pájaro de David Smith (admirador e introductor de la obra de González en Estados Unidos). Frente al hombre cactus, una pequeña tabla de Pinazo en la que se puede apreciar una pincelada casi abstracta, que supone el inicio de la modernidad en Valencia. Acompañan a González una espectacular obra de gran formato de Matisse de su etapa en Oceanía (adquirida en la etapa de Barañano) y varias obras de Joaquín Torres García.

Las siguientes salas continúan con otro de los puntos fuertes del IVAM: las vanguardias. Se pueden ver obras pertenecientes a movimientos como el constructivismo, el dadaísmo, el surrealismo o el futurismo (adquiridas en su mayor parte por Tomás Llorens). Aquí podemos ver el único Miró pertenciente a la colección (adquirido bajo la dirección de Juan Manuel Bonet) en el que se mezcla la abstracción y la figuración. Estos movimientos desembocan en la sala dedicada a la Segunda Guerra Mundial y la lucha antifascista con una impresionante escultura de Lipchitz, perteneciente a la donación realizada por sus heredederos en la época de Kosme de Barañano.

La segunda parte de la colección comienza con el informalismo (que llegó al igual que el pop de la mano de Todolí), otro de los puntos fuertes de esta colección con Tàpies como uno de sus grandes protagonistas. Al artista catalán le acompañan Saura, Millares, Chirino, Karel Appel, Asger Jorn, Jean Dubuffet, Barnett Newman y Adolph Gottlieb. Esta sala da paso a la del pop y allí brillan con nombre propio Richard Hamilton, Jasper Johns, Andy Warhol, Roy Lichtenstein o Robert Rauschenberg - la mayoría de ellos presentes a través una carpeta de grabados del aniversario de la mítica galería de Leo Castelli, pues sus precios ya andaban disparados cuando se creó el IVAM - junto con artistas españoles como Equipo Crónica, Equipo Realidad o Juan Genovés. 

Este capítulo se cierra en los años 90 con una sala con artistas como Gerhard Richter (presente con unos grabados en lugar de un bello lienzo de un paisaje canario perteneciente al IVAM), Dieter Roth o Robert Smithson, de quien además de una "Pierced spiral", se proyecta un vídeo de su conocida "Spiral Jetty", obra pionera del "Land Art".

La galería 7 es la reservada para el arte más contemporáneo. El recorrido comienza con muy buen pie con obras de autores indiscutibles como Sean Scully, Cristina Iglesias, Tony Cragg o Robert Rauschenberg, a los que siguen otros como Zoran Music, Cristian Boltanski, Charles Simonds, Markus Lüpertz o Georg Baselitz (adquiridos en su mayor parte en la etapa del penúltimo director, Kosme de Barañano). Y, a partir de ahí, es cuando la colección refleja el punto de inflexión del museo bajo la dirección de Consuelo Císcar y la inclusión de artistas como Julio Quaresma, Gialuigi Colin, Bigas Luna, Bernardí Roig o Eugenio Ampudia, quienes no están a la altura del resto de artistas de esta sala (algo que se puede comprobar en cualquier museo de prestigio o feria de arte internacional donde su obra es prácticamente inexistente). Y es que, al fin y al cabo, una colección no deja de ser una radiografía de la historia de un museo. 



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"Valdés como pretexto"

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