Crítica

La influencia de la pintura en la fotografía

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El hecho de que muchos de los grandes museos con los que colabora la National Gallery de Londres, como el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Orsay o la Fundación Getty de Los Ángeles, incluyeran la fotografía como parte de su colección y de sus exposiciones temporales, fue lo que ha llevado al actual director de esta institución, Nicholas Penny, a plantearse prestar una mayor atención a la fotografía. Un interés que coincidía con el del primer director de la National Gallery, Charles Eastlake, y de su esposa, Elizabeth Rigby, quien, además de posar como modelo, fue una activa comentarista de esta nueva forma de arte.


De hecho, la intención original de esta exposición, que podrá verse en 2013 en el Caixaforum de Barcelona y Madrid, consistía en ilustrar la influencia mutua entre pintura y fotografía. Un amplio e interesante tema que tan solo un museo del prestigio de la National Gallery podía llevar a cabo. Sin embargo, la comisaria  principal de esta exposición, Hope Kingsley, decidió limitar el campo de estudio a la relación entre "la historia de la pintura, las decadas más tempranas de la fotografía y la obra de algunos de los fotógrafos más innovadores de hoy en día". Con estas premisas, la comsiaria se cargaba de un plumazo la obra de fotógrafos claves del siglo XX como Edward Steichen, Irving Penn, Cartier-Bresson, Robert Capa o Richard Avedon, por poner tan solo algunos ejemplos, y dejaba a su libre criterio la elección de esos fotógrafos "innovadores de hoy en día". Aún así nos quedaba toda la historia de la pintura para poder contemplar algunas grandes obras (muchas de ellas pertenecientes a la National Gallery) que han influido a generaciones enteras de fotógrafos. Sin embargo, la comisaria ni siquiera ha optado por confrontar esas pinturas con las fotografías a las que han influido, pues eso le parecía algo demasiado evidente, por lo que ha optado por un montaje personal en el que, posiblemente, tan solo ella llegue a entender las claves del mismo. De nuevo, aparece ese fenómeno del comisario estrella que pretende convertirse en el protagonista principal de la exposición.


Para ilustrar esta particular tesis expositiva, la comisaria ha optado por estructurar la muestra en seis apartados: Fijando el escenario, Retratos, La figura, Tableaux (cuadros), Naturaleza muerta, y Paisaje. En ellos, el visitante encontrará obras de fotógrafos contemporáneos (muchos de ellos poco conocidos) confrontados a pinturas o instantáneas de las primeras décadas de la fotografía. Por ejemplo, en el apartado dedicado al retrato uno puede contemplar una fotografía de Martin Parr de una pareja joven frente al cuadro de Thomas Gainsborough del retrato del señor y la señora Andrews (una de las pocas pinturas importantes presentes en la muestra), porque ambos retratan a una pareja joven, o en el de Naturaleza muerta uno puede encontrar fotografías de este tema de Sarah Jones, frente a pinturas del mismo género de Fantin-Latour pero podrían haber sido perfectamente otras, cualquier obra que representara unas frutas sobre una mesa. Eso sí, el visitante no encontrará un cuadro de Caravaggio frente a una fotografía de Irving Penn cuya iluminación sea muy similar a la del maestro italiano, porque eso, a juicio de la comisaria, es muy evidente.


Otro aspecto incomprensible de esta exposición reside en el hecho de que muchas de las pinturas a las que se hace referencia aparezcan mediante una reproducción fotográfica, algo que podría justificarse de no tratarse de la National Gallery. De hecho, algunos de los cuadros reproducidos, como el retrato del Duque de Wellington de Goya pertenece a la propia colección del museo, lo que hace más llamativo este hecho.


A pesar de todo, la muestra presenta algunos aciertos como cuando confronta la forma de representar la guerra de un pintor del siglo XIX como Vernet con un cuadro repleto de soldados en plena batalla y la fotografía de 2001 de Luc Delahaye en la que tan solo se ve el humo de una bomba en un campo desierto de Afganistán. Nuevas formas de hacer la guerra y nuevas formas de representarla.


Asimismo, la exposición también permite contemplar algunas buenas obras como el vídeo de Sam Taylor Wood titulado "Naturaleza Muerta" en el que en tres minutos se puede ver de forma acelerada el proceso de putrefacción de un plato con frutas; el interesante paralelismo entre las venus renacentistas y los retratos de adolescentes de la fotógrafa Rineke Dijkstra (cuya obra fue objeto de una muestra reciente en el Guggenheim de Nueva York) o la acertada comparación entre el retrato de Ingres "La pequeña bañista. Interior del harén" con la fotografía de Richard Learoyd de un hombre desnudo con un pulpo tatuado en la espalda, aunque el cuadro de Ingres no está presente en la muestra.


En definitiva, una muestra que a priori se contemplaba como muy ambiciosa e interesante pero que el enfoque dado por la comisaria le ha despojado de toda ambición.


SEDUCIDOS POR EL ARTE: PASADO Y PRESENTE DE LA FOTOGRAFÍA

NATIONAL GALLERY. LONDRES

C / GUILLEM DE CASTRO, 118

COMISARIOS: HOPE KINGSLEY Y CHRISTOPHER RIOPELLE

HASTA EL 20 DE ENERO DE 2013



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Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

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