Crítica

La innovación constante de Juan Olivares

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Quien se acerque a la galería valenciana Valle Ortí podrá comprobar que Juan Olivares (Catarroja, 1973) es un artista en constante evolución, algo que ya pudimos constatar en su anterior exposición en La Gallera en 2008. La preocupación que este artista siempre ha mostrado por la tercera dimensión vuelve a aparecer en esta ocasión pero de manera más sutil. Si en la muestra de La Gallera, Olivares se lanzó de lleno a la escultura, con una instalación en medio de la sala (algo que requiere un espacio como La Gallera), en esta ocasión, su apuesta por la tercera dimensión se muestra en una serie de telas que se superponen unas cosidas encima de las otras. 


La obra pictórica de Olivares siempre había funcionado con capas, algo que dotaba a sus cuadros de una gran profundidad. Sin embargo, en esta exposición, los lienzos abandonan lo que él mismo denomina "el corsé del bastidor" y pasan a instalarse directamente en la pared como si se tratara de un tapiz. De este modo, también desaparecen los límites rectangulares del bastidor de tal manera que esas formas abstractas, tan características de la obra de Olivares, trascienden el cuadro para desplegarse por las paredes de la sala. En ellas, podemos ver, por una parte, referencias a las pinceladas de gran escala de Roy Lichenstein, y por otra parte, encontramos esa paleta de colores tan diversa y característica de su obra.


Esa búsqueda de la tercera dimensión se materializa tanto por adición como por sustracción, pues en alguna obra vemos una serie de agujeros en los que el vacío también rompe los límites de las dos dimensiones. Esos agujeros cumplen una función similar a los "buchi" de Lucio Fontana realizados en los años sesenta con un punzón sobre la tela. En lo referente a la adición, las distintas telas superpuestas funcionarían del mismo modo que un collage. Olivares utiliza diversos retales de lienzos que une a través del hilo de la máquina de coser. Hay algo también de arte "povera" en estas obras, pues esos retales funcionan como si se tratara de material de desecho que el artisa pareciera haber desestimado en su momento, restos de obras con los que crea otras obras. 


Un buen número de estos retales se han instalado en el escaparate de la galería como si fuera un aperitivo de lo que vamos a encontrar dentro. Una serie de piezas desparramadas por el suelo que uno no sabe si acaban de desprenderse de la pared o si, por el contrario, aún no han sido instaladas en la misma.


Y en ese afán por darle la vuelta a la pintura, Olivares llega a hacerlo de forma literal en una de las obras expuestas, en la que utliza el reverso de esas telas pintadas, la cara B de todo lienzo. Esa parte oculta y tosca que no llega a ser manchada por la pintura.


La exposición de Olivares en La Gallera dejó la sensación de que no sabíamos muy bien si era un paréntesis en su obra pictórica o si se trataba de un nuevo camino. Ahora podemos comprobar que su obra está en constante evolución y que contiene diversas líneas de trabajo con una serie de elementos comunes, consistentes, entre otros, en el equilibrio en el uso del color y en la búsqueda de la tercera dimensión. Un artista que no deja de soprender de forma positiva.


JUAN OLIVARES. COSIDOS

GALERÍA VALLE ORTÍ. VALENCIA

C / AVELLANAS, 22

HASTA EL 3 DE MARZO DE 2012




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"Valdés como pretexto"

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