Arte fuera de los museos

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Si uno observaba las exposiciones dedicadas este verano a dos artistas españoles como Manolo Valdés o Miquel Barceló, no llegaría a la conclusión de que al arte español le faltaba proyección internacional, como se había repetido en infinidad de ocasiones y en numerosos foros artísticos. Quizás le faltara proyección internacional a cierto arte español que tan sólo alababan cuatro críticos del terruño pero que desdeñaban los circuitos internacionales. El éxito de estos otros dos artistas también ponía de manifiesto aquello que dijo Unamuno de que “la envidia era la carcoma del alma española”, pues ambos eran tratados con cierto desdén por una parte de la crítica que preferían otros artistas que seguramente nunca expondrían más allá de los Pirineos. En España, el éxito comercial era inversamente proporcional al éxito de crítica y viceversa.
 

Barceló acababa de inaugurar una exposición en la ciudad francesa de Aviñón parte de la cual tenía lugar en el Palacio de los Papas. Dicho espacio era todo un referente en el mundo del arte moderno pues fue allí donde Picasso realizó en 1970 su última gran exposición antes de morir. Gran parte de esos cuadros pudieron verse en el IVAM en la exposición titulada “Picasso – Alberti. La última tertulia” que tuvo lugar en 2002 y que narraba la intensa relación que estos dos españoles establecieron al final de la vida del pintor malagueño. Barceló había utilizado para colgar sus obras los mismos orificios que se hicieron en su día en los muros del palacio para la muestra de Picasso.
 

Por su parte, el artista valenciano Manolo Valdés exponía en el castillo de Chambord 70 obras de los últimos 20 años en una muestra comisariada por Kosme de Barañano que llevaba el título de “Caza, ojeo y ataque a la historia del arte”. El castillo de Chambord, situado en el Valle del Loira,  constituía una joya el Renacimiento francés. Su construcción se inició en 1529 bajo el reinado de Francisco I y constaba de 426 habitaciones, 77 escaleras y 282 chimeneas. La frialdad de este tipo de edificaciones se había visto superada por las esculturas de Valdés que dotaban de una gran vitalidad a una serie de estancias en las que las obras, que contenían diversos homenajes a los grandes maestros de la pintura, se integraban perfectamente. Esta muestra de Valdés venía a sumarse al tour internacional del artista valenciano que este año también exponía en la avenida Broadway de Nueva York y en las calles de La Haya. Todo un triplete que para sí quisieran muchos artistas españoles, aunque eso les valiera el calificativo de “artista comercial”, una expresión muy mal vista en el mundillo artístico español.
Tanto la exposición de Barceló como la de Valdés tenían el común denominador de suceder en territorio francés y en unos espacios que no habían sido diseñados expresamente para exhibir obras de arte. Los franceses habían optado por sacar el arte fuera de los museos para acercarlo al gran público. Una iniciativa muy loable y una buena opción para realizar una escapada este verano, pues ambas ciudades estaban muy comunicadas con la Comunidad Valenciana tanto por avión como por carretera. Y es que el arte no tenía límites.


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Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

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