Pablo Picasso. El artista de todos los récords

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Pablo Picasso es el artista de todos los récords. Tan solo en el año 2015 se han celebrado 15 exposiciones temporales sobre su obra, lo que significa que cada mes se inaugura una exposición de Picasso en algún lugar del planeta. Su obra está presente en la colección permanente de más de 60 museos de todo el mundo, además de tener diez museos monográficos dedicados exclusivamente a su obra. Una de las 15 versiones que realizó de "Las mujeres de Argel" de Delacroix ha alcanzado el mayor precio pagado por una obra de arte en subasta pública al haberse rematado en 179 millones de dólares y el artista malagueño generó en 2014 unos ingresos en subastas por un valor total de 375 millones de dólares.


¿Qué es lo que tiene Picasso para que lo haga merecedor de todos estos logros? En primer lugar, Picasso es un artista que cuenta tanto con el reconocimiento del mercado como con el de la crítica. Hay un consenso generalizado en considerar a Picasso como el artista más representativo del siglo XX. Y, por otra parte, su amplia producción, que supera las 20.000 obras, hace que sea un buen valor para invertir en un mercado del arte que no para de crecer con la incorporación de economías emergentes como China, Rusia o diversos países de Latinoamérica.


Pablo Ruiz Picasso nació en Málaga en 1881, es decir a finales del siglo XIX, pero su actividad creadora se desarrolló a lo largo de toda su vida hasta su fallecimiento en 1971 en la localidad francesa de Mougins. Picasso fue durante su infancia lo que hoy en día denominaríamos un niño prodigio. Hijo de un profesor de dibujo, demostró una gran destreza artística desde su más tierna infancia. Esa destreza unida a la seguridad y confianza en sí mismo que siempre tuvo hizo que quisiera medirse a los grandes maestros de la historia del arte.


Picasso visitó por primera vez el Museo del Prado con 13 años donde pasaría tan solo dos horas, justo el tiempo del cambio de trenes para continuar junto con su familia camino a Málaga procedente de La Coruña. De esa visita, quedan dos dibujos que realizó de dos retratos poco conocidos de Velázquez: "El bufón Calabacillas" y "El niño de Vallecas". Una elección que ya adelantaba su gusto y atracción por lo marginal. Picasso volvería al Prado durante su periodo de formación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, una época en la que llegaba a pasar ocho horas al día en el museo copiando a los grandes maestros. Este período de formación le sirvió para descubrir lo que no quería ser. Tal y como escribió a su amigo Joaquim Bas con 16 años de edad, "yo no estoy por eso de seguir una escuela determinada, pues no trae consigo más que amaneramiento de los que siguen ese camino".


Picasso abandonaría España para instalarse en Francia y tras el estadillo de la guerra civil, ya nunca volvería a su país de origen, por lo que buscó refugio en otros museos como el Louvre, el Museo Ingres de Montauban (que visitó en tres ocasiones) o el Museo del Trocadero de París, donde descubrió el arte primitivo. Todo esta relación con los museos como fuente de inspiración está plasmada en la exposición titulada "Picasso y el Museo" que tiene lugar en la Fundación Bancaja de Valencia hasta el 28 de febrero de 2016.


Otro de los grandes maestros que Picasso descubrió en el Prado fue El Greco. El autor malagueño fue uno de los primeros en apostar por el griego cuando éste aún no contaba con el reconocimiento ni del público ni de la crítica. No hay que olvidar que en 1828 ningún académico propuso el nombre de El Greco para ser incluido en los medallones de grandes artistas que debían decorar la fachada del Museo del Prado y que hasta 1921 no contó con una sala propia en dicho museo. Esta admiración por El Greco -  que alcanzó su máxima expresión cuando visitó Toledo con los alumnos de la Academia y pudo contemplar "El entierro del Conde de Orgaz" -  se recoge en la exposición "La pasión grequiana de Picasso", abierta el público hasta el 17 de enero de 2016 en el Museo Picasso de Barcelona. Un lugar donde se pueden observar también las 44 versiones que Picasso realizó de "Las Meninas" de Velázquez, una obra que contempló durante su primera visita al Prado pero que no se atrevió a abordar hasta 1957, cuando contaba con 76 años de edad. 


Pero si hay una obra que marcó un punto de inflexión en su trayectoria artística esa fue "Las señoritas de Aviñón". Mucho se ha escrito sobre la génesis de esta obra, que puede considerarse como el inicio del cubismo. Este cuadro rompe totalmente con la tradición de la pintura al eliminar la perspectiva y el ideal de belleza femenina. Las mujeres que aparecen en la escena - unas prostitutas de un burdel de la calle Aviñón de Barcelona - presentan unos rostros esquemáticos que, en algunos casos, se asemejan a máscaras africanas y, en otros, estarían inspirados en el arte ibero. Picasso descubrió el arte ibero en el museo del Louvre en una exposición realizada en 1906 con obras procedentes de los yacimientos de Osuna (Sevilla) y Cerro de los Santos (Albacete). No debemos olvidar que la Dama de Elche estuvo en el Louvre hasta la Segunda Guerra Mundial. Lo curioso del caso es que, en los bocetos de esta obra, se puede comprobar que, en un primer momento, la escena contenía seis mujeres y un hombre. Finalmente, Picasso optó por prescindir de la presencia masculina y reducir las mujeres a cinco, tal y como puede comprobarse en el cuaderno nº 2  que se encuentra en el Museo Picasso de París. Los rostros africanos aparecieron por primera vez en el cuaderno nº 7 que se conserva en el Museo Casa Natal de Picasso en Málaga, una de las joyas de su colección. Este cuadro se pintó en 1907 pero, ante la incomprensión de críticos de arte y amigos del artista, permaneció varios años en su estudio hasta que en los años veinte fue adquirido por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA).


Y es que el director de este museo, Alfred Barr, fue uno de los primeros expertos en apostar por Picasso. De hecho, durante mucho tiempo este museo contó en su colección con las dos obras más conocidas de Picasso: "Las señoritas de Aviñón" y el "Guernica". Picasso ya había pasado a la Historia al ser, junto con Braque, el creador del cubismo pero, años después, realizó una obra que se convertiría de inmediato en todo un símbolo contra la violencia de la guerra. Un cuadro que sufrió todo un periplo desde que fue expuesto en la Exposición Universal de París de 1937, pues viajó por diversas ciudades como Londres, Gopenhague, Estocolmo, Oslo o Liverpool hasta que fue depositado en el MOMA por expreso deseo del propio artista hasta que España recuperara las libertades democráticas. Finalmente, llegó a España en 1981 para instalarse primero en el Museo del Prado, como era la voluntad de su creador, aunque en 1992 fue trasladado al nuevo Museo Reina Sofía, donde se encuentra actualmente.   


Esta relación especial del MOMA con Picasso tiene su continuidad actualmente con la gran exposición dedicada a la escultura de Picasso que recoge más de 140 obras de todos sus periodos y que estará abierta al público hasta el 7 de febrero de 2016. Y es que las visiones sobre la obra de Picasso nunca se agotan. El Grand Palais de París expone hasta el 29 de febrero de 2016 la influencia de Picasso en artistas contemporáneos como Jasper Johns, David Hockney, Roy Lichtenstein, Basquiat Jeff Koons, Georg Baselitz o Manolo Valdés. Y en el 2016 nos esperan dos grandes exposiciones del genio malagueño en diálogo con otros artistas como Diego Rivera (en el Palacio de Bellas Artes de México y en el LACMA de Los Ángeles) y Alberto Giacometti (en Museo Picasso de París). En una entrevista en 1959, ante la pregunta de si iba a seguir pintando mucho tiempo, Picasso contestó "Sí porque, para mí, es una manía". Pasados más de 40 años de su muerte, se puede afirmar sin duda alguna que se trataba de una manía inagotable.


Artículo publicado en Cambio 16.



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"Valdés como pretexto"

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