Juan Genovés en Nueva York

A mediados de la pasada década, la obra de Juan Genovés (Valencia, 1930) experimentó un cambio que, pasado ya un tiempo, se puede afirmar que supuso un punto de inflexión en su trayectoria artística y en su aceptación por parte del mercado del arte. 


Esas multitudes de figuras humanas que vagaban por sus cuadros, bien fuera huyendo de algo (como podían ser los "grises") o en busca de otros semejantes (como su conocido abrazo), comenzaron a presentar una amplia paleta de colores y la pintura creció en cuanto a materia, aumentando en relieve y convirtiéndose casi en un pequeño objeto escultórico. Si Fontana buscaba la tercera dimensión a través del vacío de las incisiones que realizaba sobre la tela, Genovés la alcanza a través de la adición de materia a esos pequeños individuos. 


Al mismo tiempo, los fondos de sus obras, grises y oscuros hasta ese momento, se convierten en una amplia gama de colores entre los que predomina el ocre. Ante una de esas obras, una visitante comentó al contemplar una serie de puntos de colores que se arremolinaban a lo largo de una línea, que los puntos eran los habitantes de África, siempre vestidos de vistosos colores, el fondo ocre era el desierto y la línea era la frontera que impedía que pasaran a Europa. Un comentario que agradó al propio artista, quien no podía esperar que ese nuevo estilo, además de suponer una evolución en su larga trayectoria de compromiso social también iba a suponer un enorme reconocimiento internacional.


Y es que esas obras han podido contemplarse en Londres y Nueva York con un éxito tanto de crítica como de ventas. En la exposición de la Galería Marlborough de Nueva York que ha tenido lugar este mes, podemos contemplar varios ejemplos de esas obras de fondo ocre con grandes masas de individuos de distintos colores que se mueven sobre ellas. Destaca especialmente por su gran formato (240 x 400 cm) el lienzo titulado "Redes" y aparecen una serie de obras sobre las que el artista pinta unas manchas abstractas al estilo del "dripping" de Pollock, que constrastan con los elementos figurativos. Y es que Genovés pinta también con las telas en el suelo en posición horizontal, como hacía el artista norteamericano, y siempre tiene la esperanza de que, cuando esas telas recuperan la verticalidad y son colgadas en la pared, van a mejorar pero, como él mismo confiesa, eso no siempre ocurre.


Lo que sí que le ha ocurrido al artista es que, a los ochenta años, su obra ha pasado de ser ampliamente reconocida en España, a incorporarse a prestigiosas colecciones internacionales, a triunfar en plazas tan exigentes como Londres o Nueva York. Una prueba de que la obra de todo artista siempre debe estar en plena evolución, que nunca se ha alcanzado la meta y que siempre queda mucho camino por recorrer.