Giacometti en España

Que todo lo que se hace en Madrid tiene el doble de repercusión mediática es una realidad innegable. Buena prueba de ello era la exposición sobre el artista Alberto Giacometti que acababa de inaugurarse en la Fundación Mapfre en pleno paseo de Recoletos y que estaba llamada a convertirse en uno de los éxitos de la temporada artística. Esta muestra, proveniente de Hamburgo, realizaba un completo recorrido por la obra del autor sin aportar gran novedad al respecto.

Por el contrario, el IVAM organizó en 2001, bajo la dirección de Kosme de Barañano, una muestra sobre este mismo artista en la que se exponían por primera al público parte de sus pinturas y esculturas más conocidas junto con una serie de dibujos en los que se podía apreciar el proceso de aprendizaje de este artista a través de las versiones que realizaba sobre grandes obras maestras de la historia del arte. La exposición de Valencia tuvo una muy buena acogida crítica, de público e incluso mediática, pues fue inaugurada por Jaime de Marichalar, por aquel entonces duque de Lugo y marido de la Infanta Elena. Sin embargo, nada que ver con la atención que había despertado ahora la exposición de Madrid, que había abierto las páginas de Cultura de los principales diarios nacionales. 

Eso sí, en ambas muestras, se podía disfrutar de la maestría de un artista que cambió el rumbo de la escultura en el siglo XX. La escultura ya no era tan solo esa figura que se encontraba encerrada en el interior de un bloque de mármol y que artistas como Miguel Ángel eran capaces de liberar a golpe de cincel. Ahora, a partir de una estructura básica, el artista construía una figura esquemática a base de añadir materia. De la sustracción a la adición y de la voluptuosidad a la esencia. Unas obras comprometidas con su tiempo y que reflejaban la soledad del ser humano en las sociedades modernas. Una soledad que también acompañaba al autor en esos míticos retratos suyos realizados por fotógrafos de la talla de Man Ray, Dora Maar, Henri Cartier-Bresson o Robert Doisneau. Todo un ejemplo de lo que era el París de la primera mitada del siglo XX.