La Colección de Alicia Koplowitz
Alicia Koplowitz

Nélie Jacquemart fue una pintora francesa que en el siglo XIX realizó varios retratos de gente influyente de París. En una de las sesiones conoció a Édouard André, un rico banquero, con quien se casaría en 1881 y por quien colgó los pinceles para dedicarse a la que sería su gran pasión: el coleccionismo. Y fue así como reunió una colección con obras de arte de grandes maestros como Botticelli, Mantegna, Bellini, Carpaccio, Ucello, Canaletto, Rembrandt o Hals. Al morir sin descendencia, Jacquemart donó su impresionante palacio situado en el Bulevar Haussmann de París y la colección que albergaba al estado francés y fue así como surgió el Museo Jacquemart-André. Un lugar ideal para acoger ahora la colección de otra mujer apasionada del arte, Alicia Koplowitz, quien ha decidido mostrar por primera vez al púbico sus obras de arte, atesoradas durante más de treinta años a través del grupo Omega Capital, en una exposición temporal que lleva por título ”De Zurbarán a Rothko. Colección Alicia Koplowitz”.


El título de la exposición ya nos da unas pistas sobre la personalidad de esta colección, pues incluye tanto artistas españoles como internacionales, y tiene un carácter ecléctico, pues abarca desde esculturas griegas y romanas hasta obras de artistas contemporáneos. Tal y como señala Pablo Melendo, comisario de la exposición y ex consejero delegado de Sotheby’s en España, “la colección Alicia Koplowitz Grupo Omega Capital tiene un enfoque enciclopédico, siguiendo el espíritu de las grandes colecciones del pasado, ya que tiene interés por la pintura y la escultura antigua, moderna y contemporánea”.


Tal y como cuenta la propia Alicia Koplowtiz en el catálogo de la exposición, “cada una de las obras que he adquirido siempre ha suscitado en mí un cierto tipo de emoción y a veces una fuerte dosis de pasión”. Un pasión que sintió desde muy pequeña cuando con siete años visitó por primera vez el Museo del Prado con su clase del Liceo Francés de Madrid. “Recuerdo perfectamente la fuerte impresión que sentí cuando vi por primera vez Las Meninas, - explica - una emoción que hoy en día se renueva cada vez que contemplo esta obra maestra”.


Asimismo, fue en este museo donde descubrió y comenzó a valorar la escultura como una disciplina tan importante como la pintura. Un interés que también se amplió a las artes decorativas (es patrona del Museo de Artes Decorativas de París). De hecho, su primera adquisición la realizó en el Hotel Drouot de París cuando compró una porcelana de Sèvres. Ese fuerte vínculo que ha mostrado a largo de toda su vida con Francia (recibió en 2006 la Legión de Honor francesa) fue una de las razones que le llevó a aceptar la invitación del Museo Jacquemart – André de mostrar por primera vez su colección al público en este espectacular palacio parisino.


Y es que desde el 3 de marzo hasta el 10 de junio, las obras maestras de la colección Jacquemart – André estarán en muy buena compañía. El recorrido de la exposición comienza con uno de los puntos fuertes de la colección de Alicia Koplowitz: la pintura española de los siglos de oro. Una Armada española compuesta por figuras como Zurbarán, Luis Morales, Juan Pantoja de la Cruz o Francisco de Goya (con tres obras), a la que siguen un grupo de artistas italianos que trabajaron en su mayoría para la Realeza española como Tiepolo o Antonio Joli, junto con autores venecianos como Canaletto y Guardi, que también están presentes en la colección del museo Jacquemart – André. 


De Italia pasamos al amanecer de la modernidad, porque la tercera sala está dedicada a otra de las especialidades de esta colección. Una modernidad que comenzó cuando Gauguin partió hacia los Mares del Sur en busca de una sociedad más pura y auténtica. Lo que encontró se puede contemplar en el cuadro “Mujeres al bordo del río”, uno de los pocos Gauguin pertenecientes a una colección española junto con los de Carmen Thyssen y el del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Gauguin está acompañado en esta sala por su amigo van Gogh, de quien se expone un jarrón con claveles, junto a una mujer leyendo de Toulouse-Lautrec y un fémina vestida de azul de Egon Schiele.


Esa modernidad también tuvo su plasmación en España, algo que, como no podía ser de otra manera, también está presente en esta exposición de la mano de autores como Pablo Picasso, presente a través de tres excepcionales obras, entre las que se encuentra una pintada en su etapa en Gosol, una época muy poco representada en las colecciones españolas y en la que sentó las bases del cubismo. Un cubismo que ya puede apreciarse en la pintura titulada “Violín y periódico” de Juan Gris y que da paso a las vanguardias parisinas presentes en la siguiente sala con obras de artistas tan importantes como Amadeo Modigliani (con un retrato de mujer de una gran sensualidad que ha sido elegido como la imagen promocional de esta exposición), Kees van Dongen con un retrato fauvista de una mujer con sombrero o una composición abstracta de Nicolas de Staël.


Las tres últimas salas están dedicadas al último de los rasgos característicos de esta colección: el arte realizado a partir de la segunda mitad del siglo XX. Un recorrido que comienza con el contraste de una cabeza figurativa de Mari realizada por Antonio López frente a una Dafne de Julio González que tiende a la abstracción y que da paso a una escultura ya totalmente abstracta de David Smith, quien continuó el camino con el hierro forjado iniciado por Julio González. La presencia española continúa con un Tàpies de los años sesenta, los más valorados por la crítica y el mercado, y por dos de las estrellas de la colección: un Willem de Kooning y un Mark Rothko, dos de los principales exponentes del expresionismo abstracto norteamericano.


Esta formidable selección de obras finaliza con un grupo caracterizado por el gesto del artista, la figura humana y la diversidad de materiales que emplean los artistas. Es ahí donde encontramos otra de las estrellas de esta colección, “Mujer de Venecia I” realizada por Alberto Giacometti para el pabellón de Francia de la Bienal de Venecia de 1956. Una mujer que dialoga con una joven rubia retratada por el trazo grueso de Lucian Freud y con una de las características arañas de Louise Borugeois que representan a su madre. Un recorrido que finaliza con otro artista español, Miquel Barceló, del que se exponen dos de sus telas realizadas en África.


Una colección que constituye todo un repaso por la historia del arte en el que predominan los retratos femeninos. Y es que, en definitiva, nos encontramos ante una colección realizada por una mujer, Alicia Koplowitz, y expuesta en la morada de otra gran coleccionista, Nélie Jacquemart. Entre damas anda el juego.




Artículo publicado en la revista Cambio 16