Crítica

Retrato de una época

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Hay exposiciones que hacen honor a su nombre y esta, producida por la Generalitat Valenciana y La Caixa, es una de ellas. “Retratos de la Belle Époque” es una buena muestra del arte que se produjo en el período de tiempo comprendido entre la guerra franco-prusiana y la Primera Guerra Mundial, una época caracterizada por un gran desarrollo económico y en la que el retrato se convirtió en el género pictórico más demandado por una burguesía ávida de reconocimiento social.

Al albor de esa demanda, surgieron una serie de artistas que se convirtieron en las grandes estrellas solicitadas por las clases dominantes. El propio Sorolla lo cuenta así en una carta a su mujer fechada el 1 de mayo de 1908 escrita en Londres con motivo de su exposición en las Grafton Galleries: “Sargent es uno de los pocos que con Zorn, cortan el bacalao en el mundo; he visto su estudio y sus cosas tienen talento; ahora quiere sorollear un poquito”.

Por tanto, ese “dream team” de retratistas estaría compuesto por Sorolla y Zuloaga en España, Boldini en París, y Sargent, Zorn y Whistler (la única ausencia destacada de esta exposición) en Londres, aunque todos ellos recibieron encargos a nivel internacional. Estos fueron los más destacados y los que alcanzaron una mayor cotización pero hubo muchos más, prueba de la bonanza económica de una época conocida como “Belle Époque”, en la que la realeza gobernaba (del retrato de Alfonso XIII con el uniforme de Húsares realizado por Sorolla, Valle Inclán dijo que el rey parecía “un cangrejo cocido”), la Nobleza aún mantenía su capacidad de influencia (como puede observarse en los retratos del duque de Alba y la duquesa de Sutherland), la burguesía comenzaba a alzarse como la clase dominante y demandaba retratos similares a los que colgaban en los palacios de los reyes y los nobles (la exposición está plagada de ejemplos de ello), y un buen grupo de representantes del mundo de la cultura alcanzaban una situación destacada y contaban con el reconocimiento del resto de la sociedad (como puede comprobarse en los retratos de Marcel Proust, Chejov, Blasco Ibáñez, Edward Grieg, Sarah Bernhardt o Cléo de Mérode, famosa estrella de la Ópera de París presente con dos retratos, uno de Boldini y otro de Benedito).

Sin embargo, todas estas obras no dejan de ser retratos realizados con una gran maestría pero que no destacan por su atrevimiento ni por sus innovaciones, pues se trata de encargos que responden al gusto del cliente. Es precisamente cuando el artista trabaja sin responder a un encargo y se libera de esos corsés, cuando aparece la pincelada suelta y la exploración de nuevas vías de expresión, algo que podemos apreciar en algunos autorretratos, en los distintos retratos que Sorolla realiza de su hija o en los que hace de unos pescadores de Zarauz, o en el retrato de Ramón Casas en el que aparece una mujer vestida de rojo cosiendo y en el que el autor explora nuevas perspectivas a través de unas persianas que compiten en protagonismo con la figura humana. Esta ruptura con la tradición alcanza su máxima expresión al final de la exposición (quizás la parte más interesante) con las obras de artistas como Klimt, Kokoschka, Schiele o Kirchner, quienes ya realizan unas obras que supondrán un punto de inflexión en el devenir de la historia del Arte y el inicio de lo que puede considerarse el arte moderno.

“RETRATOS DE LA BELLE ÉPOQUE”.
COMISARIOS: TOMÁS Y BOYE LLORENS
CENTRO DEL CARMEN. VALENCIA. 5  ABRIL - 26 JUNIO
CAIXAFORUM. BARCELONA. 19 JULIO - 9 OCTUBRE 2011


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Trailer del documental
"Valdés como pretexto"

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