Tras la estela de Sejima

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Sentía envidia de Nueva York. Era algo que experimentaba casi a diario pero, en esta ocasión, estaba totalmente justificado. La ciudad de los rascacielos acababa de estrenar la nueva sede del New Museum diseñada por los arquitectos japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa. Un encargo que recibieron con posterioridad al de la ampliación del IVAM, proyecto que dormía el sueño de los justos, pero que lo había adelantado en el tiempo.

El New York Times publicaba en un artículo firmado por Nicolai Ouroussoff, el crítico de arquitectura de este diario, que se trataba del “tipo de edificio que renovaba tu fe en Nueva York como un lugar en el que la cultura es vivida, no sólo comprada y vendida”. El diseño de este edificio presentaba ciertas similitudes con el proyecto de ampliación del IVAM pues jugaba con los espacios abiertos, con la transparencia del edificio y con el color blanco de la fachada. Una de las principales diferencias entre ambos proyectos era que el de Nueva York no había ganado el León de Oro de  la Bienal de Arquitectura de Venecia, como sí que había hecho el proyecto del IVAM, pero se trataba sin duda alguna de una obra que seguía ese estilo que había llevado a esta pareja de jóvenes arquitectos a convertirse en unos autores de culto.

De hecho, la última vez que había visto a Sejima había sido en una fotografía publicada en la prensa de todo el mundo en la que aparecía Sarkozy rodeado de los arquitectos más prestigiosos del momento. La vio más menuda que nunca situada a la derecha del presidente francés, delante de Jean Nouvel y muy cerca de Norman Foster, Jacques Herzog y Zaha Hadid. El motivo de tal reunión era una comida informal en el Palacio del Eliseo en la que Sarkozy quería escuchar ideas para resolver las necesidades urbanísticas de París. “Me comprometo personalmente a la misión de devolver a la arquitectura su audacia y valentía. No estoy pensando sólo en el plazo de los próximos años. Hablo del próximo siglo”, había afirmado de forma solemne el presidente francés. Unas palabras que seguían la estela de sus predecesores en el cargo y que llevaron al presidente Georges Pompidou a promover el centro artístico que llevaba su nombre; a Giscard a transformar la estación ferroviaria de Orsay en el museo del Impresionismo; a Mitterrand a construir la Ópera de la Bastilla, la Biblioteca Nacional y ampliar el Louvre con la famosa pirámide de Pei; y a Chirac a inaugurar el Museo de Quai Branly diseñado por Jean Nouvel y dedicado a las artes primitivas.

Dos de los arquitectos convocados por Sarkozy habían recibido sendos encargos en la ciudad de Valencia. El Palacio de Congresos de Norman Foster funcionaba a pleno rendimiento desde hacía varios años y se había convertido en un polo de atracción para el desarrollo de una nueva zona de la ciudad. La ampliación del IVAM de Sejima se encontraba en el limbo. Unas obras que, junto con la Ciudad de las Artes y las Ciencias diseñada por Santiago Calatrava, podían convertir a Valencia en un faro de la arquitectura contemporánea.

Mientras tanto, el artículo del New York Times proseguía con una descripción del New Museum para el que el autor no escatimaba elogios del tipo de “hipnótico objeto urbano” o “un diseño que lleva el arte a la vida”. En un momento del mismo, Ouroussoff afirmaba que Sejima y Nishizawa destacaban por su capacidad para “agitar el sistema”. Quizás ese fuera el problema de Valencia. La ciudad aún no estaba preparada para erigir una obra de tal magnitud y atrevimiento. Quizás Sarkozy sí que lo hiciera. El tiempo lo diría.



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"Valdés como pretexto"

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